¿Donde queda la ciencia de las Ciencias Económicas?

Desde que empezó la crisis no es raro ver economistas defendiendo doctrinas completamente opuestas para un mismo contexto, movidos por las doctrinas políticas que fundamentan esos sistemas económicos. Con esto del Referéndum de Grecia, de nuevo cada corriente política se saca del bolsillo a su Premio Nobel de Economía favorito para defender una determinada doctrina. Podemos ver economistas como Joseph Stiglitz que defienden el NO y otros como Christopher Pissarides defendiendo el SI. Y la gente, claro está, no entiende nada. ¿No deberían coincidir al ser la economía una ciencia?

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Por ejemplo, cuando uno ve hablar a un Premio Nobel de Economía piensa en Física, Medicina, Química…en Ciencias Puras como se conocen popularmente. Lo que no saben muchos es que el Premio Nobel de Economía ni siquiera existe. Alfred Nobel no tuvo en mente a la economía como ciencia, igual que no tuvo a las matemáticas tampoco en consideración (para el eran una herramienta sin más). Realmente el premio de economía es un premio que da el Banco de Suecia llamado “Premio del Banco de Suecia de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel”. ¿Es entonces la Economía una Ciencia?

De toda la vida hemos entendido como ciencia al proceso de adquisición de conocimiento mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas organizados por medio del método científico. Es decir, en la ciencia una hipótesis se convierte en teoría cuando somos capaces de reproducir una y otra vez los mismos resultados en diferentes entornos de pruebas. Al menos, esta es la explicación que nos plantean desde primaria pero, ¿pasa esto en Economía? Sí y no.

Hay que tener claro que las Ciencias Económicas y el resto de Ciencias Sociales no son como las Ciencias Puras que normalmente conocemos, aunque apliquemos gran parte del método científico a la hora de hacer nuestros análisis. En estas ciencias nos falta la fase más importante, validar la teoría reproduciendo el experimento múltiples veces. La gente no es igual en diferentes contextos sociales, culturales, históricos, etc. (y otra multitud de variables de estudio desconocidas) ni mucho menos teniendo conocimiento de ser partícipes de un experimento. Además, si extrapolamos a otros entornos pueden darse, o no, dichos resultados, sin que además sea en sí mismo concluyentes. Esto en la parte científica, si nos movemos en el campo de la ética y la moral, hacer granjas humanas de pruebas con las que validar o refutar diferentes hipótesis, no es muy decente ni humano que digamos.

Por tanto, la economía se basa fundamentalmente en la estadística, la cual nos da probabilidades y tendencias, pero nunca un resultado exacto. Yo puedo afirmar que si A crece, B crece, debido a los datos que he analizado, pero no podemos saber que haya causalidad al no poder replicar el experimento. Puede ocurrir que, efectivamente, si A crece B crezca, pero también que A crezca debido a B, que exista una variable C que sea la que hace aumentar a A y B o, simplemente, que ocurra por pura casualidad. Por tanto, no podemos validar las teorías económicas.

Esto no sólo ocurre en las Ciencias Sociales, sino que ocurre, en general, en aquellos campos de estudio de los que no tenemos todo el conocimiento del problema. Por ejemplo, La Ley de Gravitación Universal enunciada por Newton es una Ley porque siempre da el resultado correcto cuando uno hace cálculos con masas grandes y velocidades muy inferiores a la de la luz, pero en otros casos falla estrepitosamente. Albert Einstein y su Teoría de la Relatividad General consiguen abordar el problema de las velocidades cercanas a la luz afirmando que el tiempo es relativo, estando éste entrelazado en un plano con el propio espacio y de nuevo, se puede constatar que sólo funciona en objetos grandes. La mecánica cuántica, por el contrario, surge para analizar las fuerzas en elementos con masas ínfimas. Esta ciencia se basa en probabilidades también. Uno estima donde estará un electrón, pero realmente ni sabemos que está ahí, es más, que un observador intente constatar el estado de dicho electrón variará el propio resultado. Estas tres teorías explican el movimiento y equilibrio de los cuerpos y las fuerzas que los producen, pero cada cual en contexto y campos muy específicos.

Para un físico el hecho de tener dos teorías para explicar el mismo fenómeno es indicativo de que no conocemos la verdad completa y hay que seguir buscando. Es por ello que han surgido nuevas teorías, como la Teoría de Cuerdas, que ve la materia independiente del espacio y tiempo, o La Teoría Gravitatoria cuántica de bucles, que borra la idea de que el plano espacio-tiempo sea liso, para dar una respuesta a esta dualidad. Ambas teorías intentan reconciliar la problemática antes expuesta y dar una solución general para ambos problemas. Si una de estas teorías, además, se demuestra que directamente es errónea en este proceso de búsqueda de la verdad, nadie se dedicará a seguir defendiéndola fanáticamente, ni siquiera sus propios descubridores: Habrá críticas iniciales, ciertas resistencias, pero el método científico es la piedra angular para todos, tengan o no en juego sus propios intereses, por lo que al final siempre se impone la razón.

Esto en cambio no pasa en Economía. Los economistas sistemáticamente niegan los resultados de ciertos experimentos si estos no cuadran con sus dogmatismos. Para los economistas de la escuela de Chicago, que hoy en día son prácticamente todos aunque ni hayan pisado dicha universidad, un sistema con un estado intervencionista no tiene ni un sólo punto bueno, aunque analíticamente se demuestre que en determinados aspectos se consigue una distribución más equitativa. Tampoco importa si históricamente se ve una pauta clara – tan clara que una profana como yo la ve – de que el capitalismo tiene crisis cíclicas, cada vez más cercanas en el tiempo, y estrechamente relacionadas con el nivel de liberalización de los mercados. Del mismo modo, aquellos amantes del intervencionismo jamás serán capaces de ver los puntos negativos de su sistema predilecto, aunque se constate que puede crear problemas de productividad o corrupción.

Sin embargo, como en todos sitios hay excepciones que confirman la regla, uno puede encontrarse en determinados medios a economistas con cierto amor por la ciencia capaces de tirar abajo sus creencias más absolutas si ven pruebas claras de su error. Por desgracia, estas figuras son rara vez tenidas en cuenta, mucho menos en nuestro país, donde el valor a la ciencia brilla por su ausencia. Buena muestra es que tengamos solamente dos nobel (uno de ellos, Severo Ochoa, robado a USA), la inversión más baja de I+D+i, y que figuras como Margarita Salas, una de nuestras científicas más ilustres, ni siquiera sean conocidas, mientras nadie tiene dudas de quienes son Belén Esteban o Cristiano Ronaldo.

Para conseguir solventar un problema sistemático como el que tenemos es necesario ese espíritu crítico que da el método científico, que hace posible que personas de corrientes opuestas se sienten en la misma mesa a idear un nuevo modelo que tome lo mejor de cada teoría, creando así un modelo nuevo sólido, que tenga en cuenta nuestros contextos ecológicos, sociales y culturales, y que sea lo más beneficio posible para todo el conjunto de la población. Sin ese espíritu, ni se podrá mejorar la situación a la larga, ni los economistas tendrán derecho alguno de llamar a su materia Ciencias Económicas, ni mucho autoproclamarse Ingenieros económicos.

Artículo publicado en El Boletin:

¿Donde queda la ciencia de las Ciencias Económicas?

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