Interstellar: Una odisea espacial 2.0

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Últimamente ir al cine es francamente difícil, ya no por los precios, que también, sino por las pésimas producciones a las que nos tienen acostumbrados. Es por eso que cuando te encuentras con una película como Interstellar no puedes más que lagrimear ante tal obra maestra. No hay película de Nolan que no dure mínimo 3 horas y después de El Caballero Oscuro me temía lo peor, pero nada más lejos de la realidad: El carácter relativo del tiempo no sólo es parte del argumento, sino que es inherente a la película, ya que las 3 horas de película pasan en un suspiro.

Aviso antes de nada que este post está plagado de spoilers. Intento pasar de puntillas y dar pocos datos generales de la historia, pero para el análisis no me queda más remedio que entrar en algunas partes, incluido el final, que os pueden fastidiar los mayores hype de la película. Avisados quedáis 😛

Mi adoración hacia 2001: Una odisea en el espacio resulta a veces enfermiza. Siempre que veo películas de Ciencia Ficción no puedo evitar ver similitudes con ella y hacer todo tipo de comparaciones, en las cuales siempre gana la película de Kubrick. En el caso de Interstellar las similitudes con 2001 son constantes y es obvio que Nolan quería hacer su propia versión de 2001 revisada, pero, aunque resulte sorprendente mi aseveración, creo que la obra de Nolan supera con creces a la de Kubrick, aun teniendo en cuenta la época de cada una y su contexto.

Interstellar es la película hasta la fecha más fiel a la física que he visto jamás, rallando incluso la divulgación científica. El funcionamiento de los agujeros negros, del horizonte de sucesos, de la relatividad general, de la teoría de cuerdas…todos estos conceptos tan difíciles de entender se tienen en cuenta y se le explican al espectador de manera que pueda entenderlo, aunque, eso sí, requiera de más de un diálogo entre los protagonistas que se darían por supuestos entre astronautas.

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Es tal el grado de fidelidad con la astrofísica que me pasé parte de la película preguntándome quien asesoraría a Nolán en la materia, porque era obvio que había tirado de lo mejorcito en el campo. Al llegar a casa y googlear vi que la tarea de asesoramiento corría a cargo Kip Thorne, uno de los mayores expertos mundiales en las aplicaciones a la astrofísica de la Teoría de la Relatividad General. Se nota.

Como decía, Interstellar es una revisión mejorada de 2001: Las señales y el agujero de gusano son los monolitos puestos no se sabe bien por quién para que evolucionemos. El viaje a Júpiter de 2001 es la parte que Interstellar desarrolla en el sistema planetario al que lleva el agujero de gusano. Y el final de la película, a su vez, también tiene lugar en una habitación que representa el interior del agujero negro y donde se desarrolla todo el desenlace de la historia principal.

Pero hay notables diferencias que hacen que esta película no sea un refrito y la conviertan en una de las mejores obras, bajo mi humilde opinión, del género de la ciencia ficción.

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Para empezar la sociedad de la película es más cercana a la realidad: Una especie agónica que ha esquilmado los recursos de su planeta y ve que su futuro próximo tiene fecha de caducidad. En este caso viajar hacia el punto origen de la señal se convierte en una cuestión de extrema urgencia y en todo momento el futuro de la especie pende de un hilo. Esto no ocurre en 2001: La especie humana parece haber llegado a un estado de equilibrio y avance idílicos.

Nolan también tira de las tomas del espacio pausadas con música clásica para recalcar el caracter armonioso, inalterable y basto del universo, pero sin llegar a que te plantees cortarte las venas. La OST son versiones casi en su totalidad de la misma melodía, la cual recuerda muy mucho el final atronador del tema principal de 2001.

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También tenemos IAs en Interstellar pero poco tienen que ver con HAL 9000. Una de las pocas cosas que siempre me ha desagradado de 2001 es que Kubrick no tuviera ya en cuenta las leyes de la robótica que enunció en 1940 Isaac Asimov. Tampoco seré dura. Kubrick hizo a HAL como lo hizo para incidir en las ideas de “¿Puede una máquina tener conciencia de sí misma? ¿Puede sentir? ¿Puede temer a la muerte?” Estas preguntas tan innovadoras en la época hoy en día ya están bastante trilladas, así que Nolan le ha dado una revisión a sus IA’s y a quien de verdad superpone siempre el espíritu de autoconservación por encima del interés general: el ser humano, encarnado en la figura Dr. Mann (Matt Damon), que protagoniza una de las mejores partes de la película, donde, entrelazando la historia de éste con la que tiene lugar en ese mismo instante en La Tierra, se anteponen la fuerza del egoísmo y espíritu de autoconservación que tanto rige al ser humano, con la búsqueda del bien general.

La parte de la habitación final, que esperaba desde mitad de película debido a las obvias similitudes con 2001, es otra obra de arte. Es increíble como se traducen las diferentes dimensiones y la teoría de cuerdas en una habitación de Tesseract de forma comprensible. También se utiliza el carácter de señal de la fuerza gravitacional sin que te explote la cabeza, sino todo lo contrario, ameno y de gran trascendencia en la historia. El carácter del tiempo como una dimensión más también es llevado de forma que un crío pueda entenderlo y se generan dos paradojas temporales que, de nuevo, resultan comprensibles, y lo más importante, sólidas. Cooper (Matthew McConaughey) crea la primera paradoja al enviar señales a su hija a su yo pasado, pero gracias a ésta se crea otra aún mayor, que el ser humano avance lo suficiente para que seamos nosotros mismos, en un futuro muy lejano, los que creemos el agujero negro que nos llevó a tal avance en el pasado.

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Es tal el grado de “frikismo” científico que hasta el mensaje binario con las coordenadas de la NASA que envía el propio Cooper quedaba aposentado en el suelo, mostrándonos el funcionamiento de la transformada de Fourier de forma muy intuitiva (ya podrían haberme explicado hace un mes en el master la transformada de fourier así).

Eso sí, la película no llega al 10 por un detalle que ni a mis conocidos ni a mí nos gustó una pizca: La licencia de Nolan de decirnos que el Amor es una dimensión propia con sus propias leyes físicas, y que estas también mueven el mundo.

Que sí, que es aceptable y le da un punto ñoño moral muy bonito, pero cuando uno lleva casi 3 horas visionando una película que, como digo, ralla la divulgación científica, que de repente te vengan con esta patochada tan poco fundamentada te descoloca cuanto menos. Se hace tan artificial en la historia que esta es una de las razones por las que en el minuto uno de los créditos me sintiera tan desencantada. Eso sí, sólo me duró unos minutos, hasta que empecé a reflexionar un poco sobre lo que había visto. No sólo le quité importancia a esta licencia, sino que ha llegado a parecerme un puntito de fantasía muy agradable.

Creo que Nolan se ha catapultado con Interstellar al top de las películas de Ciencia Ficción. Yo por mi parte, cosa que desde hace muchos años no hacía con una película, esta semana volveré a ir al cine para visionarla de nuevo, porque seguro que, como es también tradición con las películas de Nolan, cada visionado desvelará mil y un detalles que se te pasan la primera vez por alto y que no harán más que reafirmar la calidad de la obra.

Si sois aficionados a la Sci-Fi, Interstellar es un MUST en toda regla.

Artículo publicado en El Boletin:

Interstellar: Una odisea espacial 2.0 (El Boletin)

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