Otra solución sí es posible: El Keynesianismo

Constantemente nuestro gobierno nos dice que no hay otra solución posible que la que están aplicando ellos, porque claro, ellos saben mucho de economía y tal. La desgracia es que algunos parece hemos leído más historia que ellos, o lo más factible, nos tratan como ignorantes y tienen intereses que les empujan a tomarlas mientras engañan a la población.

El neoliberalismo aplicado por los gobiernos de Europa y España en particular es exactamente igual al visto en el pasado. Da igual que hayan durante muchos años refinado sus técnicas, los cambios y las consecuencias siguen siendo igual de nefastas.

Existió otra crisis en el pasado llamada la Gran Depresión, que tuvo lugar después de la primera guerra mundial. Ocasionada por una burbuja de materias primas gestada desde EEUU durante la primera guerra mundial, en Octubre de 1929 la bolsa sufrió un auténtico cataclismo que acabo llevando a muchos multimillonarios a tirarse desde sus rascacielos (a diferencia de ahora ellos también sufrían la crisis). Esta crisis duró una década y ocasionó el empobrecimiento de la población hasta el punto de generar una tasa de paro en EEUU del 25%.

Esta crisis dio lugar a multitud de movimientos, tanto económicos como sociales, que daban diferentes soluciones, en algunos casos antagónicas, para poder superar el bache. Como está ocurriendo ahora, la solución que vieron muchos poderosos fue la de aplicar recortes brutales que en muchos casos ocasionaron el surgimiento de gobiernos dictatoriales que sumieron a sus países en situaciones de las que aun hoy en día aun se avergüenzan. Por ejemplo, me viene a la cabeza Chile, pero también de forma menos clara, Italia y Alemania.

El estallido de la segunda guerra mundial no nos engañemos, se debe en gran parte a esta crisis y al Tratado de Versalles, que no era más que la deuda que se le impuso a Alemania por los desastres de la guerra. Esto llevo las cosas a un clima de injusticia social y pobreza que ocasionaron el apoyo a ideas tan radicales y repugnantes como las proclamadas por Adolf Hitler (Godwin wins again!). No obstante, después de la segunda guerra mundial las cosas fueron bien gracias a una serie de medidas económicas que nada tienen que ver con las del neoliberalismo, inyectando ingentes cantidades de dinero para la reconstrucción de Europa con el Plan Marshall.

Por tanto, ¿qué soluciones hay, aparte de las ya cansinas medidas del “esfuerzo de los españoles” que al final se traducen en el esfuerzo de aquellos españoles que no pertenecen al Ibex 35? Pues una teoría económica que por lo que me cuentan no falta como materia importante en muchas asignaturas vinculadas a la carrera de Economía. Vamos, que no es desconocida, aunque se explique y nombre poco.

0 RLa teoría económica en cuestión es el keynesianismo, cuyo nombre rinde homenaje a su ideólogo, John Maynard Keynes.

Keynes negaba la teoría clásica de que la economía se autoregulara por sí misma y creía que el gobierno debía intervenir activamente en la economía. Según su teoría el ingreso total de la sociedad está definido por la suma del consumo y la inversión y en una situación de crisis en la que el desempleo es muy elevado y la capacidad productiva no es aprovechada (¿a qué país os suena?) solamente pueden aumentarse el empleo y el ingreso total incrementando primero los gastos, sea por medio del consumo o la inversión. Por tanto, hay que controlar la relación entre oferta y consumo, ya que de ello dependen los beneficios empresariales y la inversión.

Keynes señaló que en la crisis del 29 había retraído la demanda y que era necesario estimularla, generando demanda adicional que tirara de la producción. Las medidas no intervencionistas que intentaban ir por este lado (¿os sueña inyección a la banca privada?) no habían servido de nada, por lo que se decidió finalmente aplicar medidas que sí fueran intervencionistas por parte del estado para restablecer el equilibrio entre oferta y demanda.

Los puntos por los que abogaba keynes eran los siguientes:

  • Desarrollo de política de inversiones estatales en obras públicas que sirviese de estímulo a la iniciativa privada a través de los diferentes componentes industriales para llevar a cabo dichas mejoras por parte del estado. Esto además aminoraría el desempleo e incrementaría la masa de consumidores, lo cual activaría la economía.
  • Impresión abundante de dinero, que aunque esto siempre llama a la temida inflación, con un alto paro el peligro de la inflación sería prácticamente inexistente.
  • Incremento de los salarios, pese a que la medida estrella de los economistas clásicos era precisamente lo contrario, reducirlos. Keynes aseguraba que el empleo no dependía de los salarios sino del consumo y la inversión. Una disminución de los sueldos lo único que ocasionaría es un retraimiento de la economía de los trabajadores que deprimiría el consumo y en consecuencia, la producción, y por tanto, el empleo (la pescadilla que se muerde la cola en España)
  • Intervención en todos los sectores económicos por medio de la regulación y fijación de precios, salarios, subvenciones de empresas, etc. Vamos, nada de “flexibilizar” las condiciones como en nuestra reforma laboral.

No penséis que esto es todo teoría y queda muy bonito en papel, como he oído a más de un troll “libegal” decir, ya que estas medidas las puso en práctica el presidente de los Estados Unidos F.D.Roosevelt mediante el New Deal.

Como ya mencionaba el paro en EEUU después de la Gran Depresión era ingente, de hecho 12 millones de personas se encontraban sin un trabajo cuando se decidió en el 33 aplicar las medidas de Keynes.

Por tanto, Roosevelt potenció el control del Estado sobre los bancos y exigió que los bancos tuvieran mayores reservas para asegurar así su solvencia. También estimuló la concesión de créditos a las empresas y creó leyes que protegieran a los inversores de posibles fraudes (estaría bien algo así para las preferentes, ¿verdad?). Además, se devaluó la moneda un 41%, medida que nosotros, por ejemplo, no podríamos aplicar porque otros países como Alemania lo impiden.

El estado además subvencionó grandes proyectos a la industria por medio de obras públicas que generaron de forma directa 3 millones de empleos. En cuanto a la agricultura se buscó la recuperación disminuyendo la producción, ya que la sobreproducción que se arrastraba desde los años dorados de la década de 1920 propiciada por la primera guerra mundial consiguió que se hundieran los precios y los beneficios de los agricultores y no tuvieran casi ni para poder cubrir su inversión. Disminuyendo las cosechas se consiguió que subieran los precios hasta duplicar en tres años las rentas agrarias.

En cuanto a las condiciones laborales Roosevelt reguló las relaciones entre patronos y obreros y cortó de raíz la autentica libertad que tenían los empleadores para explotar a sus trabajadores. Impuso un salario mínimo y una jornada horaria máxima. Con la disminución del paro, la fijación del salario mínimo y la tendencia al alza de los sueldos se creó una pequeña clase media que multiplicó la demanda.

Y por último, Roosevelt intento corregir muchas de las desigualdades sociales que genera el capitalismo y que por desgracia han vuelto a su país, creando el primer sistema federal de seguro de desempleo y pensiones.

Las medidas llevadas acabo por Roosevelt no pudieron devolver las cosas a la situación anterior en la crisis, en parte por el estallido de la segunda guerra mundial, pero si mejoraron sustancialmente los problemas crónicos que sufrían. El paro siguió siendo elevado y el aumento de las inversiones privadas, aunque fue alto, no lo fue ni de lejos tan alto como el público. Además, ciertos sectores conservadores veían el New Deal excesivamente socialista y decían que atentaba contra la tradición americana de la libre empresa. Es por ello que algunas de sus principales medidas, como la agraria, fueron anuladas por el tribunal supremo.

No obstante, el New Deal palió los efectos de la depresión en la que se había estancado el país, creando empleo y generando un optimismo que no se había visto en una década, el cual fue en gran parte propulsor del brillante futuro económico de EEUU en las siguientes décadas.

Enlaces de Interés:

Share