Un mundo injusto sólo puede cambiar si luchamos todos

Durante los más de 100 años de historia del Capitalismo han habido crisis cíclicas en el trascurso de los años. Además, estas crisis han sido más constantes desde que el capitalismo se desreguló y el neoliberalismo tomó el mando. Actualmente estamos inmersos en una de ellas.

El Capitalismo se basa en dos grandes pilares: el libre mercado y la competencia. Estos conceptos llevan implícitos a su vez una serie de valores éticos: individualismo, egoísmo, codicia y falta de empatía. Las crisis como la nuestra siempre vienen precedidas de épocas donde estos valores éticos están más extendidos en nuestra sociedad.

El Neoliberalismo por otra parte, no es más que el Capitalismo llevado al extremo. Esta corriente nació a mediados del siglo pasado de la mano de Milton Friedman y defiende la desregulación total y la ausencia absoluta de derechos para el trabajador. Según ellos, los mercados se autorregularán por ciencia infusa.

Friedman comenzó a poner su teoría en funcionamiento en la Chile de Pinochet, y más tarde en la Inglaterra de Margaret Thatcher y la USA de Reagan. En todos los casos se privatizaron las empresas nacionales y se empeoraron los derechos de los trabajadores. El resultado fue una mayor brecha entre pobres y ricos y una pérdida de riqueza por pate del estado.

Por otro lado, la historia nos está enseñando que el Neoliberalismo ha ido mejorando sus técnicas con el progreso de la tecnología y la ciencia.

La “ingeniería” económica ha ocasionado una radicalización de estas posturas y de forma, además, difícilmente palpable por el pueblo. Esa es la principal diferencia que tiene la crisis actual con otras pasadas.

Antes se distinguía entre capital, dueño y gestor, y los trabajadores. En cambio, ahora las empresas se conforman por los accionistas (que a su vez pueden ser otras empresas), que son los dueños de la empresa, los gestores, es decir, el consejo de administración, y los trabajadores, que a su vez se subdividen en infinidad de categorías profesionales.

En las empresas actuales los accionistas sólo quieren tener el máximo beneficio a final de año. Estos accionistas pueden despedir a sus gestores si no les gustan los resultados o moverse de un sector a otro de forma muy rápida, aumentándose así visiones muy cortoplacistas donde se busca el mayor beneficio anual individual, no la consecución de empresas sólidas, duraderas y que generen riqueza a la sociedad.

Los ejecutivos, es decir, los gestores, ganan ingentes bonos anuales que les empujan a conseguir el máximo beneficio posible, aunque esto sea a base de despidos, reducciones en la calidad del trabajo o firmando acuerdos y/o proyectos que a todas luces serán perjudiciales a largo plazo (véase las hipotecas subprime).

Los trabajadores dejamos de ser personas y se nos denomina “recursos”. Para ese ejecutivo poco importa si tienes hijos, una casa por pagar, o una enfermedad grave. Sólo importa su bono a final de año, con el que se comprará un nuevo Porche o se pegará unas buenas vacaciones en Copacabana con la familia.

Los trabajadores por su parte sueñan con llegar a ser como ese ejecutivo. Fantasean con una casa en la playa, con un gran coche, con viajes a destinos paradisiacos… Si para conseguir alcanzar esa meta tienen que pisar a otros compañeros no sólo no estará mal visto, sino que seguramente recibirá alguna recompensa en forma de ascenso. El trabajador tiene la sensación de estar más cerca de su meta pero sigue siendo un simple trabajador. Pocos o ninguno llegarán a ser como ese gran ejecutivo, porque a diferencia de la idea que tenía Adam Smith, la igualdad de oportunidad son los padres.

No se lucha en igualdad de condiciones cuando ese ejecutivo cuenta con titulaciones regaladas en universidades privadas, con masters carísimos impartidos en USA, y que además entra en esos órganos de administración sin experiencia directamente (en España se llama enchufe). Tu posición y la de tu familia son determinantes para conseguir estas metas, así que la libertad de oportunidades es un espejismo que nos venden para fomentar esa competitividad insana.

Estas brechas no sólo ocurren entre ejecutivos y trabajadores, sino que también existen entre grandes multinacionales y pequeñas empresas, y entre compañías financieras y productoras de bienes.

Gracias a la “ingeniería” financiera, las corporaciones que más beneficio obtienen son mayoritariamente aquellas que no producen bienes para la sociedad: La Banca.

Los poderes financieros se dedican a sacar márgenes de beneficio moviendo capitales de una empresa a otra (siendo accionistas), o comprando productos de primera necesidad, que luego retendrán y venderán en los picos de mayor carestía. Por tanto, no sólo no aportan nada a la sociedad, sino que roban parte del beneficio a las empresas que fabrican esa riqueza. Si miráis la lista Forbes veréis que las tres empresas más ricas del mundo pertenecen a la Banca, y que entre las diez primeras seis de ellas se dedican a este sector.

Por otra parte, las empresas que realmente producen bienes cada vez son menos (se las comen las grandes trasnacionales), y las potentes además son propiedad casi por completo de los poderes financieros. Sus industrias se encuentran en países del tercer mundo, en lugares donde los derechos humanos son una quimera y pueden explotar a sus trabajadores hasta niveles de semiesclavitud.

Ya no existen aquellas empresas en las que el patrón se preocupaba por su producción y que cuidaba a sus trabajadores para que fueran productivos. Todas esas empresas van desapareciendo o siendo absorbidas por los grandes grupos.

En 2011 un grupo de economistas y estadísticos de Suiza publicó un estudio el que se realizaba un seguimiento de nada menos que 43.060 multinacionales. En este estudio se constató que apenas 737 de ellas controlaban el 80% del valor accionarial total. Además, el 40% del valor de todas las trasnacionales del mundo pertenece a un pequeño grupo de 147 empresas, de las cuales tres cuartas partes son entidades financieras. Es decir, la riqueza mundial se encuentra en mano de unos pocos.

Si además tiráramos un poco más del hilo de esos grandes grupos seguiríamos encontrándonos más y más empresas tapadera, muchas de ellas con paso previo por un paraíso fiscal. Es muy difícil seguir estas trazas, pero muchas de ellas nos llevan a unas pocas familias que dominan el mundo. ¿Quiénes? Pues solo hay que mirar quienes son los dueños del Fondo de Reserva Federal de USA: Goldman Sachs, Rockefeller, Lehman, Loebs, Rothschild, Morgan, Warburg, Lazards, Moisés Seifs

Estos grandes grupos para más inri no sólo ganaron dinero con la burbuja, sino que lo siguen haciendo en plena crisis. Aprovechan las privatizaciones para seguir haciendo negocio a precios de ganga.

En un mundo capitalista el poder se adquiere por medio del dinero, por lo que estos grandes grupos son las instituciones con mayor influencia del mundo. Pueden variar el rumbo de la economía mundial a su antojo, y tienen dinero y puestos de sobra con los que sobornar políticos.

Por ejemplo, el ayuntamiento de Madrid ha vendido toda su bolsas de viviendas a un fondo buitre por poco más de 70.000€ por vivienda. Dicho fondo buitre, Cerberus Capital Management, es propiedad del expresidente de Lehman Brothers, y está asociada con Poniente Capital, empresa donde ocupa un buen cargo de responsabilidad el hijo de Aznar y Botella.

Otro caso destacable es el de la sanidad. Tanto Capio como Ribera Salud, las dos empresas dominantes de la gestión privada de la sanidad, pertenecen a un gran fondo de inversiones, CVC. Tanto en Capio como en Ribera encontramos en los puestos de administración familiares o allegados al gobierno, como el marido de Cospedal.

Resumiendo, seguimos como en el Medievo. Unos pocos poderosos ordenan y acumulan la riqueza del mundo, mientras el 99% tenemos que servirles.

Esta crisis no es económica, sino de moral. Si queremos dejar de sufrir tantas injusticias y maltrato tenemos que variar nuestra propia forma de pensar.

Los trabajadores somos la verdadera fuerza de trabajo, los que producimos y hacemos progresar esta sociedad. Botín podrá conseguir grandes acuerdos comerciales o tener información privilegiada que le lleve a realizar operaciones comerciales muy beneficiosas, como la venta del activo inmobiliario de su banco poco antes de explotar la crisis. Obviamente esa visión es útil para una empresa pero, ¿de qué sirve esta visión empresarial si no hay empleados que realicen el trabajo? ¿Es justa esta brecha brutal entre unos y otros?

Somos el 99%, los que realmente generamos la riqueza y movemos este mundo. Hace más de un siglo nuestros antepasados consiguieron una jornada laboral de 8 horas y mayores derechos gracias al avance de la ciencia y la tecnología. Con las máquinas se conseguía producir más y en menos tiempo. Éste campo ha seguido avanzando durante este tiempo, pero el margen de beneficio, tanto de horas como de sueldo, no se ha repartido entre los trabajadores, sino que nutren a los grandes empresarios.

Si distribuimos la riqueza de forma equitativa todos podremos vivir con dignidad. Un tercio de la comida mundial se tira para poder tener precios altos en los alimentos, cuando con esa comida desperdiciada podría comer todo el tercer mundo.

Quizás no haya Ferrraris circulando por nuestras autopistas, ni grandes mansiones en primera línea de playa, pero tampoco veríamos mendigos durmiendo en la calle ni familias haciendo cola en comederos sociales.

Algunos dirán que no hay otro sistema posible, pero esos deberían preguntarse qué habría sido de la Revolución Industrial si sus antepasados hubieran pensado de esta forma.

Hay fórmulas como las cooperativas de trabajadores que han demostrado en muchas ocasiones que son soluciones distributivas de la riqueza y donde, además, la productividad de los trabajadores (que a su vez son los dueños) es infinitamente superior.

La tecnología también es una herramienta útil para nosotros. A través de aplicaciones informáticas e Internet podemos construir una Democracia Participativa y Directa. La oligarquía actual no nos lo pondrá fácil, pero hay que luchar por conseguir un futuro más justo.

¿Cuál es la clave? La colectividad, la Unión. Un solo individuo no puede hacer nada para cambiar las cosas, pero muchos juntos pueden mover el mundo. Tenemos que volver a los antiguos valores de la Solidaridad, el Colectivismo, el Altruismo, el Compromiso social…Esa es la solución.

Podemos pretende ser esa alternativa a al sistema. Gracias a la unión de los ciudadanos bajo un proyecto común podremos cambiar el sistema, podremos conseguir que el mundo sea más justo. ¡Lucha tu también por el cambio! ¡Participa en Podemos!

Share